Lo imaginable, lo inimaginable no existe

jueves, 5 de mayo de 2011

El viejo roble




Cinco repisas conforman el esqueleto del roble inerte. El cálido marrón de su piel está revestido de una fina capa de barniz crudo por donde se cuelan las informes vetas que dan cuenta de una vida pasada. En la primera barra, erguidos, polvosos, oscuros y olvidados, habitan los ases del vocabulario: diccionarios de Política, Administración y Derecho. Más abajo, en el segundo y tercer niveles, sobresalen los tonos celestes, verdosos y carmines... los gruesos tomos de historia nacional dialogan con los tratados filosóficos clásicos. Pero el cuarto y quinto travesaños quebrantan todo orden, toda lógica, toda disciplina previos. Los títulos se repliegan unos sobre otros, algunos, incluso, tumbados sobre la tabla ladeada, descansan de la formación de antaño. Aquí el colorido es majestuoso y la pulcritud exquisita: la continua consulta y las tertulias recurrentes de los avecindados ahuyentan toda partícula de polvo. Estamos frente al territorio de la literatura, insustituible cimiento del viejo roble.



http://rebiessanluis.blogspot.com/2010/04/feria-del-libro-antiguo-en-madrid.html




En su juventud, revestido de verdes y carnosas hojas, fue el hogar de aves de hermoso trinar. Un día deseó descubrir otros mundos. Un día decidió ser el hogar del conocimiento. Hoy, sus raíces se sujetan bajo un azulejo blanco. Hoy mi librero ocupa el rincón más luminoso de mi habitación, el contraste de sus textos me da los buenos días cada mañana, y, de vez en cuando, lo riego con nuevas historias que cubren los huecos de su imaginación.







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