La buena fortuna hizo que el día esperado por los chiquillos cayera en viernes -e inevitablemente en quincena-, lo que volvió intransitables los centros comerciales, cines, parques y por supuesto avenidas, que sobre ruedas transportaban a chicos y grandes deseosos de disfrutar de los placeres que tan a corta edad nos brinda la vida.
Mientras que esto ocurría en las calles, en la escena virtual acontecía un fenómeno extraño. En las redes sociales, en donde la mayoría de registrados oscila entre los 14 y los 30 años -ya lejos de la inocencia y castidad- , se realizaban una serie de felicitaciones: ¡Feliz día del niño!, Todos llevamos un niño dentro, ¡Nunca dejen de ser niños!.. ¿Raro no? ¿Qué no lo que más deseábamos en aquella etapa de la vida era ser grandes?
A lo anterior se añade el gran furor que han tenido los juegos en la red, no me refiero a los de estrategia, cartas o ajedrez, sino a los famosos “Pet society”, “Restaurant City”, “Country Story” y “Hotel City”; en donde los facebookceros se dedican a alimentar a su mascotita, jugar a la comidita, adornar su casita y regar sus plantitas.
Los avatares utilizados resultan infantiles, de colores chillantes, y para variar no hablan, sólo se mueven a pasos torpes y emiten sonidos prediseñados, es decir, ni siquiera suponen un medio de expresión para la comunidad.
¿Por qué causa los jóvenes nos vemos tan atraídos por esos juegos? ¿Añoramos nuestra infancia? ¿Nos sentimos solos? ¿Saciamos nuestra necesidad de posser una casita, una mascota y un jardín aunque sean virtuales? ¿Somos populares al hacerlo?
Quien sabe, lo que sí es que muchos niños que sí lo son, siguen con la tradición de desdeñar tan hermosa etapa, el problema es que cada vez logran el objetivo a más corta edad, los medios de comunicación, entre ellos la red, les ofrecen tanta información que se comienzan a preocupar por “cosas de adultos”, a conocer “cosas de grandes” y a desconfiar como los mayores...


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