Lo imaginable, lo inimaginable no existe

sábado, 26 de junio de 2010

Engaños coloridos


Ciudad Universitaria


Rectoría
Nos llueva, truene o relampagué, seguiremos caminando por la luminosa senda del conocimiento.





Zona cultural

MUAC










lunes, 7 de junio de 2010

Carne de cañón


Cuando el ataque al crimen organizado es prioridad en la agenda de gobierno, es indispensable buscar los mecanismos idóneos que aminoren ese mal. Actualmente en nuestro país, somos testigos de la innumerable cantidad de personas que han muerto, llámense civiles, policías, soldados, delincuentes, narcos.
    El gobierno ha implemetado diversas tácticas para conseguir su cometido, entre ellas, la primera fue el aumento salarial proporcionado a los cuerpos militares. Con esta acción, el gobierno obtuvo la confianza (por no llamarlo compromiso) de los alistados para proceder según las medidas de combate al crimen organizado.
    A partir de ese momento los operativos han sido recurrentes convirtiéndose en el pan de cada día de los periódicos y, desgraciadamente, también de las funerarias.
    El gran dilema de las guerras, ya sea entre naciones o civiles, desde épocas inmemorables es la gran crueldad con  que los individuos -regularmente de la misma condición social- luchan entre sí, se hieren y asesinan por OBJETIVOS AJENOS.
    Dos cuadrillas, dos proyectos, un fin: el poder. Dos cuadrillas que se rigen por diferentes valores pero que curiosamente comparten varias características, la principal: JUVENTUD. Sin diferenciar el bando al que pertenecen, los involucrados son hombres y mujeres que oscilan entre los 18 y los 35 años.
    ¿Qué nos hace pensar lo anterior? ¿Son los jóvenes los indicados para acabar con la inseguridad por su vitalidad, coraje y amor a la patria? o ¿Son los jóvenes la cara de la inseguridad, los ladrones, narcomenudistas y  asesinos que nos atacan en las calles? ¿Son los jóvenes “el futuro de México” o su degradación?
    Los jóvenes son sencillamente la carne de cañón de los narcos, de las bandas de crimen organizado, del gobierno y su plan de seguridad pública, de los medios de comunicación y del consumismo descomunal que azota a nuestra sociedad.
    Trátese del tema del que se trate, el objetivo es el joven, ya sea para vender, para comprar, para vestir, para escuchar, para contratar, para despedir, para matar.
    Ejemplos hay de sobra, pero sólo expondré uno que es tan cruel no sólo por el objetivo final que persigue, sino también por el disfraz con el que se vende y por la institución que lo ofrece: el gobierno.
    El gobierno, bajo la misma lógica de atacar la inseguridad y la corrupción de nuestro país, ha tenido la “gran” idea de integrar a un numeroso grupo de jóvenes a actividades de “inteligencia” en seguridad pública y como Oficiales de Comercio Exterior, seductoras denominaciones  ¿no les parece? 

    El gancho para atraer a los jóvenes son los gratificantes salarios que van desde los $10 000 hasta los $15 000 de inicio. El perfil va destinado a jóvenes con escolaridad mínima de bachillerato y preferentemente con licenciatura trunca, lo que atrae todavía más en estas épocas de crisis, en donde es muy complicado que un joven universitario aún con título consiga un trabajo  digno y acorde a su preparación.
    Las convocatorias son todo un cortejo, el joven apenas las lee y ya se siente perdidamente abrumado, hechizado por el gran futuro prometedor y “le entra”. No sabe que una vez involucrado es difícil salir, ¡exacto! como una mafia, en la que se hace un pacto de sangre para toda la vida. El joven de ahora en adelante será acompañado por un arma de fuego, vacilará a cada paso, las noches ya nunca serán iguales. Cambiará de residencia constantemente, no tendrá un horario fijo, y su enorme salario, tan prometedor, se desvanecerá en el pago de servicios y alimentación; ¿diversión? Eso es cosa del pasado, ahora, imposible.
    El gran joven que pasó satisfactoriamente las pruebas de confiabilidad de la institución, que impregnó todo el proceso de reclutamiento con sus cualidades  de honestidad, lealtad y disciplina, ahora temblaría por segunda ocasión ante el polígrafo, pero no serían los nervios de un joven cuyas mentiras piadosas funcionaban con la madre, son los nervios de un hombre que se ha topado con la realidad, que ya forma parte de un proceso, que ha suplantado los mencionados valores por el de corrupción, y  que desgraciadamente, se ha acostumbrado a este estilo de vida, le ha “tomado” el gusto.

No exagero, no todos los casos serán así, pero no es posible que en nuestro país muchos jóvenes han tenido que participar en dichas convocatorias ante la falta de oportunidades en sus áreas profesionales. Los jóvenes somos la carne de cañón ya no sólo para los “malos”, el mismo gobierno nos antepone como borreguitos, y si a eso le añadimos la necesidad social de tener una casita, un carrito, y estar a la moda, trabajar es primigenio.


    Por eso, antes de caer en esas convocatorias perversas piensa que no estudiaste para ser policía, que más vale buscarle poco a poco y si no encuentras empleo,  organízate con los amigos para crear proyectos comunitarios en los cuales apliquen sus conocimientos.
¡Basta! ¡No más carne de cañón!